Cuando bebemos matcha, recibimos no solo una bebida, sino también la práctica del "tiempo para recogerse" que se ha ido refinando durante siglos.
Antes de la taza, primero "recogerse"
Se dice que las raíces del matcha se remontan al periodo Kamakura, cuando llegó a Japón junto con el Zen. El trasfondo —que los monjes en formación usaban el té para ahuyentar la somnolencia y concentrar la mente en un solo punto— nos muestra que el matcha estuvo, desde el principio, ligado a la "concentración" y la "quietud".
Con el tiempo, el té se desarrolló como "ceremonia del té" y fue elevado por Sen no Rikyu a una cultura impregnada de espiritualidad. Hervir el agua, batir el té, ofrecerlo a otra persona. Cada parte de esa secuencia de gestos era un dispositivo para calmar el corazón y regresar a este preciso instante.
La "hospitalidad" es cuidar el tiempo del otro
En el núcleo de la ceremonia del té está el espíritu de la "hospitalidad". No se trata de lujo, sino de una actitud: con cuánta quietud y cuidado puedes preparar un tiempo para otra persona. Una taza de matcha guarda el deseo de que la mente y el cuerpo del otro se sosieguen con delicadeza.
Ichigo ichie: el mismo momento nunca vuelve. Por eso precisamente, esta taza merece cuidado.
El "espacio vacío" como forma japonesa de riqueza
Como ejemplifica el wabi-sabi, la sensibilidad estética japonesa ha valorado no el "llenar", sino el "dejar espacio". La sencillez de la sala de té, la pausa (ma) dentro de cada gesto, los momentos de silencio. Todo ello está diseñado para crear espacio en el corazón.
Quienes vivimos en la actualidad llevamos días repletos de planes. Por eso mismo, ese "tiempo que, a propósito, no hace nada, solo se recoge" que la cultura del matcha ha atesorado empieza a cobrar un nuevo sentido en nuestros días.
De la práctica de la sala de té a una taza cotidiana
Aunque no entres en una sala de té, puedes heredar su espíritu. Verter el agua caliente, sentir el aroma, dejar pasar una respiración y solo entonces llevarlo a los labios. Con solo eso, nace un pequeño espacio dentro de un día apresurado.
Empezar en casa una "taza para recogerse"
Para empezar, prueba a respirar despacio tres veces antes de beber. Comprueba el aroma y saborea ese primer sorbo. No necesitas memorizar ninguna etiqueta. Esa misma actitud de "atender con cuidado" es lo que la ceremonia del té ha transmitido.
WellCha, de DoSee Wellness, da a esta "cultura del recogerse" una forma que puedes mantener incluso en nuestra ajetreada vida moderna. Sin batidor ni sala de té. Y, sin embargo, la quietud que habita en una sola taza sigue presente, tal cual, en tu día a día.
La quietud de la ceremonia del té, en una taza que puedes mantener incluso en los días ajetreados.
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